martes, 17 de noviembre de 2009

UNIDOS A LA BÚLGARA


L
o ha dicho, que conste: “Nosotros somos distintos y diferentes a los que gobiernan”. En decirlo tardó diez segundos. Los tiempos en política que se alargan más de lo deseable y saludable (para nuestras neuronas, claro). Distintos y diferentes son según Mariano Rajoy, los del PP con respecto a los del PSOE. Si se analiza el resto del discurso que el líder popular pronunció este fin de semana en Barcelona tendremos un claro ejemplo de lo aventajados que están nuestros políticos en el arte de hablar mucho y no decir nada, circunstancia que penosamente se extiende por todos los partidos sin excepción.

Distintos y diferentes. Hay que ser lo contrario del enemigo pero en nuestra casa todos iguales. El PP ha salido de su convención catalana con el ánimo unido y resueltos a ser alternativa, algo de lo que al parecer, aún no se habían dado cuenta si nos atenemos a las reacciones populares tras el discurso de Rajoy. Un líder, un proyecto, un partido. Esa fue la conclusión extraída por María Dolores de Cospedal. Unidad, unidad y unidad, sin derecho a la réplica o a la contestación interna, signo inequívoco, según los del PP (pero también los del PSOE, los de CiU o los de UPyD), de problemas.

En las actuales organizaciones políticas el debate interno está mal visto. Lo que hace treinta años, en plena Transición veíamos como el summum del ejercicio democrático, ahora está desfasado y cuenta más el poder omnímodo y la adulación a la figura del líder que el exponer otros puntos de vista que quizás también puedan aportar algo a la vida política. Pero en España, el paraíso para la participación desde la diferencia de opiniones quedó enterrado por la unidad ideológica, algo que particularmente me pone los pelos como escarpias. Un nuevo paso hacia fantasías distópicas en plan orwelliano que cada vez vemos más cerca. Que no, que no exagero.

Es curioso cómo la unidad se ve como un ejercicio de ablución política en estos tiempos difíciles para el arte de la política, mientras que hace años y en otros entornos, era sinónimo de dictadura. Pero, ¿qué separa realmente a un Fidel Castro que hablaba con verbo florido y vacuidad de conceptos hacia una masa enfervorizada que le reverenciaba, de un Rajoy o un Zapatero que hablan y hablan sin aportar nada o casi nada mientras la muchedumbre aplaude entusiasmada? Unidad a la búlgara. Malos tiempos para la Retórica, amigos.

El líder del PP pidió unidad y limpieza a los suyos. Es curioso como el mismo día que lo decía, su amigo Camps (ese ante el que estaría siempre delante, detrás o donde fuera con tal de defenderlo), se alejaba de Mariano en un Ferrari azul embarrando más aún una imagen que está cogida por pinzas.

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