sábado, 23 de septiembre de 2017

El xenomorfo humano

Las relaciones humanas son complicadas. Las hacemos complicadas. No sabemos dejarnos llevar, le ponemos pega a todo y nos encaminamos sin remisión a la búsqueda de los problemas cuando en ocasiones, lo mejor es transitar por un vía zen con el denominador común de que te de igual todo lo que pase a tu alrededor. Nos evitaríamos males mayores en nuestra interacción social con nuestros semejantes... O simplemente, podemos decir que el ser humano es un tocapelotas de cuidado.

Hoy se ha instalado en nuestra jerga diaria un término que ha ganado fortuna: gente tóxica. Supongo que esa descripción se la inventó un autor de libros de autoayuda (ya saben, ese género "literario" en el que el único que queda "ayudado" es el propio autor por los pingües beneficios obtenidos de la venta de su libro), un día en el que su vecino le calentó la mollera más de lo aconsejado. Y a raíz de ese hecho originario, triunfó la teoría de que existen personas tóxicas a nuestro alrededor, cuando quizás podríamos hablar mejor de comportamientos inapropiados. Afortunadamente no estamos en una película de Tarantino, donde uno podría ajustar cuentas con este tipo de personal con una buena balacera contra el que nos molesta más de lo normal. Pero no estamos en una sala de cine, sino en el teatro. Y sobre las tablas también vemos las razones de ciertos comportamientos humanos. Es decir, el teatro es el comportamiento humano en sí, sublimado unas veces, exagerado otras, pero siempre certero. De eso nos habla Alberto de Casso en El ciclista utópico, penúltima obra que nos llega a los Miércoles de Teatro de Chiclana con la dirección y puesta en escena de Yayo Cáceres y las interpretaciones de Fernando Soto y Fran Perea. Un simple hecho, nada luctuoso, nada dramático pero que desencadena una serie de eventos concatenados en el que uno de los protagonistas se convierte en indeseado parásito y el otro en inopinado huésped.

Una relación tóxica. Como si estuviésemos en una película de Michael Haneke, la puesta en escena de Yayo Cáceres es simple y práctica, mediatizada por una lámina transparente que trata de separar ambas vidas, a pesar que el parásito urde estratagemas para sortearla. Esa pantalla transparente, constantemente violada y traspasada por el personaje interpretado por Fernando Soto, ayuda a que el espectador se sumerja en una acción que se va haciendo cada vez más insalubre, más insoportable, fatalmente violenta. Las interpretaciones juegan a favor de esta mise-en-scène con dos actores exacerbados por los caracteres de sus personajes. Perea como sufrido huésped se revela como un volcán a punto de erupción pero que solo deja salir inofensivas fumarolas ante la insistencia de su contraparte, mientras que Soto se transmuta en encantador de serpientes, ladino y sibilino para llegar a ser ese parásito del que no podemos desembarazarnos. El elemento tóxico de nuestras vidas, el xenomorfo humano que se adhiere con sus tentáculos a nuestro rostro, a nuestra existencia para llegar a destruirnos como ese alien de la película homónima de Ridley Scott.

Al final solo queda destrucción. Desgraciadamente, en nuestras vidas no llegamos a contar con la ayuda de una Ripley que acabe con nuestros monstruos cercanos. Lo tóxico abunda. La utopía, también.

Foto: @zuhmalheur



viernes, 22 de septiembre de 2017

El payaso plano

El payaso blanco, el augusto, el contraugusto, el tony... Muchos estilos pero el que nunca puede aparecer actuando ante el público es el payaso plano. Esta regla de oro es también aplicable a todo incauto que decida alguna vez subirse a un escenario para cualquier tipo de actividad artística. Verbigracia, Pablo Alborán.

El payaso plano peca de monotonía (también de atonía), de no ofrecer al público un espectáculo digno de un payaso, que si ustedes aún no han caído en la cuenta, busca divertir. El payaso plano hace que el público termine por aburrirse y no recuerde al cabo del tiempo nada del espectáculo que han protagonizado. El payaso plano es lo peor que le puede ocurrir a la honorable y seria profesión de los payasos.

Dos payasos de relumbrón estuvieron hace unos días en los Miércoles de Teatro de Chiclana. Este ciclo que llega a los treinta años de vida lleva una carrera paralela a la historia de Los Ulen, casa de esos payasos (Pepe Quero y Paco Tous), que siempre son queridos y bien recibidos por el público chiclanero. En esta ocasión, los payasos de Los Ulen vinieron con el espectáculo Dos idiotas, que en un principio quería ser un homenaje a la esencia de ser clown, como espejo de los desarraigados de la sociedad. Dos parados, un tanto idiotas, que buscan llenar su vida con distintos empleos pero que terminan provocando la sonrisa del espectador. Bueno, se intentó. Porque a pesar del magnífico bagaje de Los Ulen (de ellos hemos disfrutado montajes esplendorosos en otras visitas a la ciudad), Dos idiotas apenas aportó nada a la larga y exitosa carrera de la compañía sevillana. Un montaje un tanto deslavazado que dejó ciertamente frío al espectador que notaba como si una barrera le separara de los actores, que llegaban más al corazón de la gente conforme tiraron de recursos cómicos más trillados (aunque provocan la risa segura). Fueron un par de momentos donde sentimos que la obra tiraba hacia arriba aunque la frialdad recorrió toda la obra. Entraba ahí en acción la figura del payaso plano. Dos personajes que en escasas ocasiones lograron revertir la situación para ganarse el favor del espectador. Dos personajes que quedaron anclados en un círculo vicioso con el que no consiguieron levantar las alabanzas de otras veces, quizás porque el espectáculo no era tan osado, tan radical como han sido otras propuestas de Los Ulen. Echamos de menos a ese payaso.

Aunque todo lo que les hemos contado quizá fuera un truco más de un payaso listo, que quiso hacernos creer que lo que habíamos visto era un simple juego. Quizás ahí estuvo la gracia del asunto. Porque tampoco queremos creer que el recibir el anunciado homenaje por parte de la Delegación de Cultura antes de actuar (eso rompe los esquemas de un actor a punto de salir al escenario, hombre), pusiera nerviosos a tan excelsos payasos. A mi me tocaría un poco los cataplines, pero yo solo soy un simple idiota.

Foto: @zuhmalheur



jueves, 21 de septiembre de 2017

Hoy nominamos a...

A los creadores de la telebasura. Bueno, en realidad ellos no tienen la culpa de ofrecer mierda enlatada en los 16:9 que tienen nuestros novísimos televisores Full HD. Ellos solo acatan órdenes del público que es el que decide qué quiere ver (aunque son ciertamente sibilinos a la hora de inocularnos el virus previamente). Y lo que quieren ver es la miseria humana hecha telerrealidad.

El ser humano es especial. Le gusta el morbo. Ambiciona ver en pantalla los éxitos pero sobre todo, los fracasos del prójimo y si todo se acompaña de alharacas, ruido mediático, discusiones sin sentido y gritos, muchos gritos, mejor. That's entertainment!, que decían los yankees. Y así estamos, en un país donde el bochorno ajeno es vendido como producto de uso masivo para varios millones de españoles que quedan anestesiados gracias a la labor de la caja tonta. Siempre nos quedarán otros canales para aprender, para asombrarnos con la realidad que nos rodea, pero a esas horas estamos echando la siesta.

Da para mucho todo este mundillo de la telebasura y la telerrealidad. Tanto como para que el teatro se luzca sacando los higadillos de este sistema que nos corrompe como seres pensantes. La farsa, la comedia y la astracanada son armas efectivas para mofarse de estas pequeñas miserias humanas donde se despedazan las vidas de unos cuantos a cambio de un buen porcentaje de cuota de pantalla y de unos escasos miles de euros para el afectado. Grandes Hermanos, Supervivientes (con lujos ostensibles), Granjeros que buscan esposa o Príncipes para ciertas chicas que no saben que el cuento de hadas es eso, cuento y que no hay príncipe azul ni de otro color.

La Cía. Milagros nos trajo hace unos días a las tablas del Teatro Moderno una radiografía apasionada y cómica de todo este inframundo. Un príncipe para Leonor, escarnio de este tipo de reality shows a ritmo de comedia loca y desenfrenada, sirvió de catalizador a una noche en la que brillaron de forma absoluta los personajes. Bien caracterizados, perfectamente ensamblados en la historia y con una buena sincronización en escena, los personajes de esa presentadora con pocas luces pero mucha mala baba y esa pánfila candidata a casadera que al final demuestra más luces que cualquiera, son los verdaderos pilares sobre los que se asienta una historia sencilla que cumple perfectamente con su función: farsa, denuncia y divertimento. Sonia Astacio y Carolina Montoya se meten en la piel de unos personajes que tiran de la comedia del absurdo y se muestran desaforados, extremos y exagerados hasta el punto que son espejos donde mirarnos y descubrir todo lo malo que ofrecemos como especie.

El humor es la clave. El humor es la chispa con lo que todo empieza a funcionar en este último montaje de la compañía sevillana que da en la diana con un definición exacta de lo que es la sociedad española en su conjunto: una sociedad a la que le gusta explotar a cierta caterva de personajes para puro gozo del resto. Esto lo hacían los romanos hace dos mil años con leones en el Circo Máximo. Hoy, solo es necesario encender la tele. Afortunadamente, aún nos queda el teatro para reflejar nuestras miserias.

Foto: @zuhmalheur



miércoles, 20 de septiembre de 2017

El absurdo superlativo

Hubo una vez un político al que se le ocurrió independizar un territorio para tapar las vergüenzas de un partido masacrado por la corrupción. Consiguió embaucar a partidos en las antípodas de su ¿ideología? para hacer saltar por los aires las básicas normas de convivencia con el resto del territorio del que se querían independizar. Mientras tanto, el gobierno central no hacía nada. Al pasar el tiempo y al no hacer nada, los que se quieren independizar siguen a lo suyo (yo lo llamo "El gran engaño" puesto que el proceso independentista solo es una cortina de humo de quienes lo pergeñaron desde un primer momento) y el gobierno central echa a la policía y a los jueces contra los díscolos de la periferia.

El próximo 1 de octubre unos intentarán votar algo que saben que no tendrán validez, los otros tratarán de imponer sus razones por la fuerza y el problema seguirá enquistándose mucho más.

Absurdo tras absurdo. Es lo que pasa cuando quienes nos gobiernan, no hacen política a pesar de llamarse así. Son unos absolutos descerebrados.





sábado, 16 de septiembre de 2017

Cabezas parlantes'77

Antes de asociarse con Brian Eno y entrar en otra etapa de su fructífera carrera, los Talking Heads se marcaron un discazo que hoy cumple 40 años: Talking Heads'77.





martes, 12 de septiembre de 2017

Desierto de ideas

He estado escuchando cinco minutos el Debate sobre el Estado de la Ciudad que se celebra en mi pueblo. Un gobierno que de 38 años de gobiernos democráticos municipales ha gobernado en 32 y que espera a su Godot particular (hablando de proyectos de los que ya se hablaba hace tres décadas), demostrando un absoluto desierto de ideas.

Apago la radio y me pongo a escuchar música que es mucho más interesante.





miércoles, 6 de septiembre de 2017

Los Chozos Fest, un festival gourmet

Vuelve el festival más alternativo de la gaditana Sierra de Grazalema y lo hace confirmándose como un evento exclusivo para paladares y oídos exquisitos. Se celebrará en Benaocaz los días 8, 9 y 10 de septiembre y ya se ha confirmado gran parte de su cartel.

En tiempos en los que la masificación en los grandes eventos musicales está a la orden del día no son pocos los que buscan una alternativa a estas incomodidades propiciadas por llenar un recinto cerrado con miles y miles de personas que terminan casi enlatadas. Festivales que ofrecen, por poco precio, un plantel de artistas que se repite en decenas de carteles idénticos cada verano.



Así, de un grupo de amigos cansados de esta situación, nació este oasis llamado Los Chozos Fest. Y lo hizo con un éxito rotundo en su primera edición gracias a la siguiente receta: Añádele a un lugar idílico un puñado de buenas bandas, échale sin miedo barra libre de bebidas y comidas, cúbrelo con unos chozos de piedra originales y cómodos para dormir rodeado de amigos, alíñalo con unas pinchadas en la piscina, déjalo reposar durante un fin de semana... et voilà! Ya tienes un plato gourmet.

Y aunque es importante que los asistentes puedan disfrutar de lo mejor de la gastronomía gaditana la música es el elemento sobre el que gira todo en Los Chozos Fest y por ello han seleccionado algunas de las mejores bandas del panorama independiente andaluz y nacional: Hi Corea !, Delbosque, Champagne, Detergente Líquido, Linda Guilala y las pinchadas de Satelitrex DJ y WeMakeFriends Dj ya han sido confirmadas para esta fiesta.

Lo limitado de las plazas y el interés que está despertando en las redes sociales hacen que la organización esté cerca de colgar el cartel de sold out pero aún quedan algunas plazas sobre las que se puede solicitar más información a través de loschozosfest@gmail.com, el correo del festival.

Sin duda Los Chozos Fest, más que un festival, es una experiencia vital que todos nos mereceríamos vivir y que tenemos al alcance de nuestra mano.



domingo, 27 de agosto de 2017

Música para la siesta

La de America, por ejemplo...





jueves, 24 de agosto de 2017

La teoría de la evolución

La Isla del Blues

Cuando Charles Darwin desembarcó en las Galápagos, lo vio claro. Allí ocurría algo distinto. Vio especies similares a las que existían en la América continental, pero notó que las de las islas tenían características distintas, habían progresado de forma paralela para convertirse en el mismo animal pero con distintos rasgos. Había nacido la teoría de la evolución natural que luego se convirtió en paradigma científico. Los mejores evolucionaban, la Naturaleza seleccionaba para perpetuar las especies que mejor se adaptaban al medio.

La música también evoluciona e incluso lo hacen géneros nacidos (en teoría) para quedarse estancados, alambicados en su esencia primigenia como pueden ser el flamenco o el blues. Pero centrémonos en el segundo que es el caso que nos ocupa. Hace unos días asistimos en La Isla del Blues (de vuelta a San Fernando tras unos años) al compromiso de tres bandas con la evolución de la música en general y del blues en particular. Tres variaciones del mismo género que dieron una visión bastante completita de lo que puede ofrecer el género a sus acérrimos seguidores.

Aaron Keylock venía del Reino Unido con un gran disco bajo el brazo, Cut against the grain. Juventud a raudales, potencia sonora, una voz rasgada típica de front man bluesero y power rock mezclado con grandes cantidades de blues fueron sus señas de presentación ante el público de La Isla del Blues. Un directo descarado e impetuoso que reverenció el discurso clásico del rock y del blues para impregnarlo de dosis enérgicas de nuevos sonidos que le vienen bien al género y más viniendo de gente joven que no tienen ningún reparo en mostrar modos y poses absolutamente necesarias para la evolución.

De evolución saben también mucho en CosmoSoul, combo multinacional (sus integrantes vienen de España, Italia, Argentina y Guinea Bissau), que lleva varios años llamando mucho la atención. Son tres discos ya en la andadura de la banda que tiene como voz cantante a Alana Sinkey y llegaban a San Fernando para presentar Walk, su último largo, que viene a reivindicarlos como una de las bandas con mejor presencia escénica del país. Alojados por la crítica especializada en el nicho del soul y el r&b, CosmoSoul se aleja de toda etiqueta cuando da su mejor versión sobre los escenarios. Una acertada mezcla de crudeza en las bases rítmicas y en la guitarra de Abel Calzetta junto con momentos de mayor intimismo y calidez surgidos de la omnipresente y fascinante voz de Alana Sinkey, en las que encontramos sus raíces africanas, sus susurros del fado portugués y el grito bluesero y rockero. Una mezcla excepcional que se apoya en una banda solvente, eficaz y virtuosa. Sus discos son puro gozo y su directo mejora la impresión que te dejan los discos.

Hablemos de fechas. El 19 de octubre en la madrileña Sala Clamores y el 11 de noviembre en el Teatro de las Cortes de San Fernando, son fechas importantes para Random Thinking (tercera pieza del cartel de La Isla del Blues) porque en ambos lugares presentarán su segundo disco que llevará por título Right here and now y que será la continuación de un primer trabajo homónimo que los ha catapultado como uno de los nombres a tener en cuenta en la evolución de la música española. Saludados por la crítica y por muchos medios como un soplo de aire fresco gracias a su combinación perfecta entre folk, pop y blues, Random Thinking pisaron el escenario del parque Almirante Laulhé de su tierra para confirmar lo ya sabido: que son una delicia para el alma musical de los asistentes, que aún estando desnudos, solo ataviados con sus guitarras y con un puñado de buenas canciones, están listos para dar el salto hacia una división superior. El segundo disco será un momento importante para ellos pero mientras llega, en cada actuación Random Thinking demuestran su versatilidad, su delicadeza, su amor por las raíces sonoras que saben catalizar en un directo que llega al corazón. Los arreglos musicales de cada tema, la voz pausada de Aurora, la pasión de Ángel por la guitarra (lo notas cuando lo ves dándolo todo extasiado sobre el escenario), son muestra del amor que estos chicos tienen por su profesión. Sonidos orgánicos, acústicos, muy empastados, compactos y que en directo alzan libre el vuelo para dar a conocer la buena nueva de Random Thinking.

Tres ejemplos de evolución partiendo de bases similares. Tres buenas noticias surgidas de propuestas frescas, jóvenes y con un futuro esplendoroso. El mismo que vislumbró el señor Darwin cuando volvió a Londres y empezó a cambiar la Historia cuando alumbró al mundo aquello de que el ser humano podía (también) evolucionar.

Fotos: @zuhmalheur.



miércoles, 23 de agosto de 2017

Guananá temé (al servicio de Primital Bros.)

De igual forma que el poderoso Zod hacía con sus súbditos terráqueos una vez sojuzgado el hijo de Jor-El, los habitantes del planeta Chiclana se reunieron atemorizados en el Teatro Moderno para lanzarle besitos al anillo de poder que portaba el gran jefe de The Primitals. Loado sea Él, el todopoderoso que con una simple muestra de su mano, todos caíamos rendidos a su magnificencia.¡Guananá temé! (que traducido resulta algo así como, "lo que usted diga, jefe").

Magnificencia y poder. Entre estos dos conceptos bascula The Primitals, montaje co producido entre Yllana y The Primital Bros. que cautivó a su paso por Chiclana en sus Miércoles de Teatro. Una propuesta única, sencilla como propuesta (comedia musical a capella) y que no engaña al espectador. Es justamente lo que se le ofreció... aunque el espectáculo fue digno de dioses (kryptonianos).

Foto: @zuhmalheur

Magnificencia y poder porque se buceaba en la insondable idea del poder humano. ¿Qué ocurre cuando ansiamos querer más, ser más,... ser más que otros? Dos de estos aborígenes con portentosas facultades para el canto sufrieron en sus carnes la erótica del poder. Deseo, ira, venganza, castigo, rendición y vuelta a la realidad. Todo ese camino fue recorrido de la mano de un ramillete de temas (canciones populares, éxitos del pop y el rock, grandes bandas sonoras y excepcionales arias de ópera), en una hora y media de impresión bajo la fantástica doble dirección de The Primital Bros.: Santi Ibarretxe en la parte musical y Joe O'Curneen en la producción y dirección escénica.

Magnificencia y poder porque el público chiclanero asistió a una puesta en escena sobria pero que fue envuelta en ropajes de lujo con las voces de los actores. Intérpretes que sorprendieron por una infatigable entrega y por una esplendorosa propuesta surgida de sus prodigiosas gargantas. Es fabuloso comprobar cómo ciertas canciones o algunas arias apuntalan el discurso de la dramaturgia. Es fastuoso oír las voces de Íñigo García, Pedro Herrero, Manu Pilas y Adrián García. Versátiles, ágiles, potentes, plenas de sentido y embriagadoras, tanto como si se entona la inquietante Sweet dreams de Eurythmics, la épica Bohemian Raphsody de Queen o la perturbadora Nessum Dorma de Turandot. Momentos de emoción, de ebullición sentimental que sirvieron de temple a una puesta en escena cómica, dinámica y con muchísima personalidad. Un tenor agudo, un bajo barítono... Una locura y una envidia de voces. Un regalo para el público asistente que aplaudió con emoción los momentos más líricos de la representación.

El que esto suscribe no conocía de antemano el trabajo de The Primital Bros. Me fustigo por ello como el gran jefe hacía con su esclavo o como el imperturbable Zod hacia con los humanos inferiores. Pero no me extraña que Yllana haya tenido el buen ojo de acompañarlos en esta aventura magnífica... Y poderosa.



martes, 22 de agosto de 2017

La mujer de verde (crónica sentimental del No Sin Música)

Para acompañar la lectura, la galería gráfica de Berenjena Company:

No Sin Música 2017

Apostada en primera fila del concierto, se balanceaba cadenciosamente mientras movía al compás la cabeza azuzada por el rock transgresor y fronterizo de Furia Trinidad. De vez en cuando regalaba una mirada hacia su esposo que estaba escorado en una esquina, manos atrás, mirando con una sonrisa de felicidad cómo su mujer, la mujer vestida de verde a la que había querido todos esos años, se divertía con una música que no le pertenecía. Él, que no se veía con ganas (o con fuerzas) de participar en la alquimia sonora de los portuenses, sonreía satisfecho porque su chica se mostraba feliz en la noche gaditana.

El rock and roll tiene estas cosas. Es la comunión perfecta entre cuerpo y alma. La curación de todos los males, la transmisión del buen rollo y de la felicidad. Unas cuantas notas, un buen punteo, un riff certero y el postrero aullido del cantante (en este caso, los de Goli Supersummer, frontman de Furia Trinidad), son los ingredientes concretos con los que fundar nuestra alquimia, con los que conseguir el efecto deseado. Todo se suma y a los pocos minutos estamos hipnotizados, bailando como la mujer de verde, en pleno trance, en mayestático gozo.

Buscábamos en la quinta edición del No Sin Música, el festival de Cádiz, aquel que ha sabido crecer de forma progresiva y cauta, una confirmación: la de la sabia elección de artistas en los tres días de celebración mística del rock. En los cuatro pases anteriores, ha sido una tónica definitoria del evento que comenzó en el colegio de San Felipe Neri para desembocar en el Muelle y parecía que el primer lustro de su historia no se iba a clausurar con una disminución del nivel. La organización apostó sobre seguro: viejos conocidos como Rosendo y Amaral, promesas efervescentes en el escenario del Tricentenario (donde se vivieron momentos fantásticos) y realidades consolidadas en el panorama rockero nacional como Iván Ferreiro o Lori Meyers.

Y por fin, hemos encontrado la razón de ser de este festival entre tanto marasmo de iniciativas similares en los que solo cambia el nombre, puesto que poco más pueden ofrecer: la amalgama de estilos. Rock en distintas vertientes: desde el más popero al más tradicional y arraigado a las raíces, pasando por propuestas sonoras que derivaron en más de un éxtasis del personal asistente, que por cierto, fue mucho, señal de la buena salud del No Sin Música y de que las cosas se están haciendo bien.

LEONES RAMPANTES

Con diez segundos sabíamos que iban a ser una de las sensaciones del fin de semana. León Benavente arrasan en directo, elevando el listón del sonido que emiten empaquetado en sus discos. Son otros, suenan como otros, como zeppelines de plomo arrolladores auspiciados por el carisma de Abraham Boba, su cantante. El de ellos es un show eléctrico asentado en una marca sonora espectacular que queda indeleble en un público que se entrega desde el minuto uno. Letras ácidas, repletas de poesía urbana y que buscan huir de simbolismos, un arquetipo tan indie que hace que León Benavente deje de estar catalogado inmediatamente como tal.

Sensaciones eléctricas también nos depararon dos bandas del escenario Tricentenario. Ambas con estilos definidos, clásicos pero que fueron los primeros en avisar que en ese emplazamiento se iban a vivir emociones fuertes. Rock garajero, bonito de escuchar, de atinada viveza el de Sex Museum y sonidos acrisolados, pegados a la tierra, entre el tango, el rock y el folk de El Twanguero, un músico tan excelso como (desgraciadamente) desconocido. Y es que uno solo de sus fingerpicking equivale a carreras enteras de algunas estrellas firmadas por multinacionales. Ambos conciertos pecaron de lo mismo: fueron cortos para nuestro antojo.

Con Iván Ferreiro se apuesta a ganador. El gallego es un auténtico profesional de la escena y en esta gira de presentación de Casa, su último trabajo, cuenta con una banda maravillosa y solvente. Iván es detallista, perfeccionista y ama que el directo transfiera el espíritu de sus álbumes de estudio. Es un espectáculo que toca la fibra sensible del espectador, que busca la conexión física y química con el oyente y que rebusca en el alma de cada uno de los que asistimos a sus conciertos. En definitiva, Iván es un romántico empedernido, aunque no lo aparente y nosotros quedamos prendados de su sutileza, de su ética y de su épica desde el primer momento en que pisa el escenario hasta el lastimoso momento en que lanza ese triste verso... "y digámonos adiós...".

Un hola gigantesco le dimos a quien es historia del No Sin Música por derecho propio. Eva y Juan. Amaral. Potentes, descarnados, estrellas aunque haya pasado el furor y la presencia en medios de hace diez años. Una carrera más reposada, un acertado acercamiento intimista en Nocturnal, aunque en directo son la banda resolutiva que hace honor a su cartel de favoritos del público. Su show fue dinámico, centelleante, sin dejar atisbo al descanso y la presencia de Eva es lo más similar a un huracán que puede haber sobre un escenario. Otra gran profesional que busca la conexión permanente con la audiencia. Amaral lo logra. Es contar con un seguro de vida en cualquier evento. Por eso vuelven, ahora más veteranos, más experimentados, igual de impactantes que el primer día.

La primera noche deparó destellos de impresión en bandas como Sidonie, bien pertrechados en un show bien calculado y perfectamente ejecutado o en la eficacia de El Kanka.

DÉJAME QUE BAILE PARA TI

El día del rock. Un surtido de artistas empeñados en demostrar la vigencia de un estilo, de un modo de vida. Promesas en ciernes como Rocknrolla o Guillermo Alvah y Los Predicadores. Lobos con muchos tiros dados como Los Zigarros o Quique González e instituciones como Rosendo. Para acompañarles, gente como Pájaro, Mario Díaz o MClan. Se coló en la fiesta rockera El Langui, que aunó el flow de Pan Bendito con sonidos más comerciales y que gustó al personal.

Contratar a Quique González (en esta ocasión con la espalda cubierta por Los Detectives) es sinónimo de tranquilidad. De contar con un músico de excepción que hace soñar incluso al neófito en su ya larga carrera. Lo mismo podríamos decir de MClan, que firmaron un buen show... a secas. Gran ritmo de inicio pero que fue perdiendo fuelle en una parte central del concierto demasiado tranquila para lo que se presupone a una banda de corte rockero. Eso sí, el final fue hacia arriba con el colofón (y el acompañamiento de Los Zigarros) de ese himno que es Concierto salvaje. El dinamismo, el ritmo... ese pecado que ni en teatro ni en la música se puede uno permitir el lujo de cometer.

Pero para ritmo y tablas los de Rosendo. El de Carabanchel es patrimonio nacional. Demostró que él solo necesita su guitarra para montar un jolgorio de categoría. Sigue sacando discos, humildes, honestos y cañeros y en directo se muestra tal y como es. Sonidos sencillos, distorsión a tope, volumen al máximo y la voz convertida en aullido en aquellos himnos que calan entre la gente. Flojos de pantalón, Masculino singular, No dudaría, Agradecido y el colofón espléndido del recuerdo a Leño con Maneras de vivir. Fueron los 80 de nuevo, los 80 más golfos, más comprometidos con la sociedad y con la música. Algo con lo que Taburete (!), el grupito del niño de Bárcenas, jamás podrá soñar. Porque Rosendo solo hay uno y es patrimonio de todos.

EL RUIDO Y LA FURIA

Sonaban espléndidos los sevillanos Full cuando llegábamos al recinto portuario prestos a vivir una noche intensa... Pero no sabíamos que íbamos a vivir una de las grandes jornadas del No Sin Música en sus cinco años de vida. Nos pusieron sobre aviso Ángel y Aurora, integrantes de Random Thinking, una de las grandes revelaciones musicales de los últimos años. Se nos hizo corto, muy corto el concierto de un dúo que mezcla con tesón y sabiduría folk, blues, pop y rock con unas letras bien trabajadas. La sencillez encumbrada a niveles sonoros de gran calado. Lo dicho, tan corto se nos hizo que ya tenemos ganas de verlos de nuevo.

Buscamos más sensaciones fuertes cuando la tarde iba cayendo. Y Depedro dio con la clave. De menos a más fue su trabajo sobre el escenario principal. Un concierto convertido en ritual del rock, efectivo, sin alharacas ni poses, pero con un gusto esencial por el buen trato en directo al material de partida del músico madrileño. Envolviendo con cariño su vieja guitarra acústica, Jairo Zavala (alter ego de Depedro) da una clase soberana de qué debe ser la música: trabajo, dedicación, paciencia y saber colocar el producto. Vestigios americanos en la música, letras cercanas, un cóctel del que es imposible no enamorarse. Nubes de papel, Como el viento... Temas donde demuestra la sapiencia que ha ido atesorando en sus múltiples viajes sonoros, algunos de ellos acompañando a Calexico...

¡Ah, Calexico! Establecemos nexo de unión entre Depedro y Furia Trinidad a través de la banda liderada por Joey Burns y John Convertino. Porque ambos han trabajado con los de Arizona y porque también son deudores de un sonido fronterizo, americano, desértico y rabioso. Precisamente, el ratito que compartimos con Furia Trinidad es lo mejor que vimos en el No Sin Música 2017. Qué corto se nos hizo, qué maravilloso el esfuerzo de la banda portuense sobre un escenario al que poco a poco se fueron acercando acólitos del rock, fieles de la distorsión, creyentes en la palabra propagada por She and the sunshine, segundo largo de Furia Trinidad. Ya decíamos en nuestra previa que teníamos muchas ganas de presenciar la comunión entre artista y público y no nos equivocamos. Una experiencia bestial, trepidante y contagiosa. La música de Furia Trinidad, tomando retazos de grunge, de rock garajero, de post rock, huele a triunfo, a majestad. Tuvimos irremediablemente que ponernos de rodillas y saludar a nuestros nuevos apóstoles de la buena nueva del rock.

Por mantenernos en tensión también hicieron lo suyo los gaditanos Detergente Líquido (qué bien sonaron, oiga) y The Grooves, madrileñas que aunaron clase con potencia para depararnos un producto muy controlado, muy medido y del que aún estamos relamiéndonos. Otra banda a seguir con atención.

Y para el final dejamos a los tres cabezas de cartel de la última jornada...

Miss Cafeina envuelven un producto bonito, bien estructurado y bien trabajado aunque adolecen de riesgo. Gustan, son resolutivos en escena y enganchan con el público pero hay demasiados peces similares en el estanque.

Coque Malla es otro currante de la escena. Su show mantuvo un perfil muy estable durante la hora y algo de duración. Rock y pop bien engarzado, que se deja escuchar bien y que estimuló lo suficiente al personal tanto como para saber que no podemos vivir sin Lori Meyers. Los de Loja pusieron la pica en el Puerto de Cádiz y salvo un momentín en que quizás se pasaron de solemnidad, convirtieron Cádiz en una fiesta. Primero con una puesta de escena apabullante, tanto como lo es En la espiral, su último trabajo. Se nota la evolución, se nota el gusto por sonidos más progresivos, por letras enjundiosas. El resultado en vivo es espectacular en su traslación visual y sonora. Puro goce para los sentidos. La segunda parte del concierto se transformó en una gran fiesta a lomos de los himnos de los granadinos. Emborracharme, Mi realidad o Alta fidelidad sonaron épicos, tremendos y catárquicos bajo el manto estrellado de Cádiz.

Una noche, la del fin de fiesta del No Sin Música, que vio bailar a la mujer de verde. Empezó con Depedro, terminó con Lori Meyers y supo disfrutar de la música con la locura de Furia Trinidad. Al final, ella y él se echaron un bailecito. No recuerdo qué canción sonaba. Solo veía la felicidad en sus rostros. A veces sueño en ser como ellos.

La mujer de verde
Fotos: @zuhmalheur



Música para ser optimistas

La del gran Gato Pérez, por ejemplo...